lunes 7 de noviembre de 2011

Depurando en el olvido.

Un paso lento y detuvo su camino, a la orilla donde el reflejo de la luna se cortaba con el filo de las rocas que continuaban con mínimas y afiladas espadas que cundían la zona.
Miro las frías nubes y a pesar de todo, ni una lagrima, ni un quejido.

Una lejana mirada al horizonte, en el que cabalgaban sus sueños y quedaban tan lejanos que ni pudiendo caminar sobre las profundidades del mar o volar entre las frescas corrientes de aire, que hacían bailar las hojas de los almendros, podría alcanzarlos en vida.

Miro su sombra, fría como el agua que la contenía y que parecía regresar una mirada de nostalgia tan grande como los sueños que tenía y que maquinaba en su usualmente alegre pensamiento…
Esa noche no llovió, no cayo ni una solo gota, y gota a gota caían sus pensamientos, sueños, alegrías y sentimientos mezclados en un líquido tan doloroso y cristalino, tan lleno de vida y tan vacío, tan mortecino.

Horas entre las rocas, y minutos en el dolo, segundos que hicieron una noche, larga como la vida y oscura como la muerte.

Mientras volteaba y miraba su camino de regreso pensó.
“Que nadie tome tus sueños, no tomes tampoco el de ninguno, vive con los tuyos y muere… sin ellos”

jueves 8 de septiembre de 2011

domingo 17 de julio de 2011

Fantasma en el camino…

Mientras en sol se ocultaba de las costas de Cozumel, Alejandro un niño de 8 años, ciertamente muy ocioso y vagabundo, caminada por una pasaje en el monte cercano a la playa. Cuando de pronto vio a un par de personas que se acercaban en sentido contrario al de él, como todo niño era un tanto paranoico y un poco precavido, así que comenzó a pensar en darse la vuelta o en correr siguiendo su camino. Al acercarse más los platicadores señores comenzó a sudar y en un momento de desespero, recordó que a un lado del camino había un agujero como muchos que dejaba la gente al llevarse la tierra para sus casas. Así que decidió meterse, en cuanto los señores descuidaron la mirada, se hizo a un lado y de un salto se ocultó.

-¡Compadre!

Grito una de las personas.

-¡Un niño compadre! ¡Estaba aquí y desapareció Compadre!

Volvió a gritar.

-Si compadre, también lo vi, ¿pero a donde se fue?

Pregunto el compadre

-¡No sé, pero mejor vámonos de aquí compadre! Esto ya me dio miedo.

Decía el temeroso señor.

El más valiente de los dos se acercó y vio un agujero, mientras su compañero le jalaba de la camisa haciendo gestos de terror, avanzo un poco más y dio un suspiro al ver al pequeño Alejandro agachado y simplemente mirando para arriba con cara de desconcierto.

-¡Oye chamaco! ¿Porque te escondes? ¡No hagas eso! ¡Espantas macho!

Le dijo al pequeño mientras retomaban su camino al lado de su miedoso compañero que decía mientras se alejaban

-Mendigo chamaco desgraciado, pero yo no tuve miedo fue solo un poco de impresión…

D.E.

domingo 14 de noviembre de 2010

El ataque del alacrán gigante.


Me encontraba trabajando en una zanja y a cada golpe que daba, se escuchaba un estruendo del golpe del metal contra la densa roca, los rayos que cubrían el cielo parecían ir a la par con la fuerza de mis golpes.

En eso que encontré una roca de lo mas dura, pero creí que no seria dificultad debido a mis anteriores hazañas, así que comencé a golpear la roca para continuar el paso de la zanja, cuando di el golpe letal que partio mi enorme obstaculo, pude ver como una pinza de varios metros de largo y algunos de grosor le levantaban imponentes sobre mí saliendo de la recien creada ranura, detrás salió el propietario de tan mortífera arma, un escorpión tan grande como cuatro hombres, se levanto en sus patas traseras -la gente creería que los escorpiones no emiten sonido alguno, pero este sí- Emitió un ruido tan grotesco como las mismas lamentaciones del infierno.

El ambiente se torno frio, las nubes taparon el sol y nos vimos casi en la penumbra.

En el momento mas inesperado lanzo un ataque contra mí usando primero sus pinzas, pero en un momento de audacia me arroje hacia un lado, tome mi espada y al segundo golpe lo detuve. Como no pudo con los primeros opto por usar su arma más letal, un aguijón en su cola tan filoso y con tanto veneno como el de mil cobras.

¡Dio y golpe que detuve, otro y otro!

Pero yo los detenía y trataba de acertar alguno a su corazón con mi espada, una y otra vez nos intentamos herir mutuamente.

Hasta que en el momento menos esperado, bajó la guardia, y pude divisar un agujero entre su defensa hecha de pinzas, me arriesgue a correr frente a el y acerté el golpe mortal. Un ultimo sonido de muerte salió de aquel animal que cayo sobre mi.

Salí como pude, ya cansado y bañado en sangre de las pequeños roses que me hizo con sus fallidos golpes, tome mi espada y la levante en pos de la victoria y la vida que conserve para ver a mi princesa una vez mas .

El cuerpo lo destacé y he dado de comer a los fieros felinos de los bosques que habitan en los alrededores.

xD la verdad es que salió un alacrán bajo una piedra, le hice puch con el machete y el gato se lo comio.

domingo 15 de noviembre de 2009

Su pensamiento.

Veronica dejo de mirar por la ventana del camión, al escuchar. -¡Cancun! - pues ya habia llegado a su destino. Espero a que todos bajaran y lentamente salio.

El viento frio que sintio en ese momento le recordo aquellas epocas en las que salia a la misma hora de la escuela. Casi todo, la luz, el aroma en el aire y los sonidos de la epoca navideña, parecian tener la intención de regresarla algunos años.

Salio de la terminal y mientras lo hacia veia su propio reflejo en los cristales del edificio; Jeans, cabello suelto, y un sueter de colores describia lo precipitado de su salida. Camino en direccion al paradero de microbuses, Busco dentro de su mochila una mascada, por que el sol se iba y el frio de la noche llegaba. Se detuvo un momento y despues camino...
Llego al paradero, pero no se quedo, decidio caminar a su departamento, con las manos en los bolsillos y la mirada baja. Se rio de si misma, sabia que no podia fingir que todo estaba bien, pues estaba mal, ya nada seria igual, ya no se llamarian, no lo veria por las tardes o caminarian kilometros sin saber y platicarian hasta la madrugada sin que el tiempo pase, ya no recibiria sus mensajes...

Las luces navideñas, ya se vendian en todos los puestos, lo que le recordo que ya habia pensado en un regalo y hasta en la carta que le habria escrito. Llego a la avenida, donde todos intentaban cruzar y mejor se fue por una calle menos transitada, llego a la privada donde estaba su departamento y no entro, se sento en la acera del estacionamiento, en donde siempre se desvelaban platicando de nada. Intento pensar en su trabajo, pero se le regresaba a la mente el, ¡el!, el problema no era el. Otra vez trato de pensar en su trabajo, en la fuga del baño, en la cuenta del gas, pero desesperadamente, regresaba a el.
Se resigno, recordo su rostro, sus palabras y durante una hora se seco los ojos. Subio a su departamento, se baño, tomo el telefono, marco y espero...
-¿Bueno? -Dijo cuando le contestaron.
-Si mañana en la mañana trasladan su cuerpo.
-Si, estoy bien gracias.
Colgo...Se fue a la cama, destapo un bote de pastillas para dormir, cayeron varias a su mano, las miro un instante, separo una, se tomo otra y regreso las demas. Programo su despertador, se recosto y mientras miraba a los arboles mecerse por la ventana bajo las luces mortecinas se arrepintio de lo que hizo y se durmio...

lunes 14 de septiembre de 2009

Zapatos.

Era una mañana de sábado, Manuel y José jugaban en el extenso patio de la casa de Doña Marta, abuela de Manuel. El sol esta a un cuarto del día, la sombra de los naranjos refrescaba los alrededores de aquel pequeño hogar, hecho de palos llamados bajareques y techo de guano.
- unos zapatos cafés con cordones negros.
Exclamo sonriendo Manuel, el niño de 8 años con cabellos lacios, cuando platicaban de lo que pedirían en navidad, al tiempo que surcaba un camino en la tierra, para que transitaran sus carritos de madera.
José que tenía dos años menos, sonrió mirando las sandalias agrietadas de su amigo, que parecían hechas con una llanta vieja y después se miro los pies descalzos mientras movía los deditos.
-Pero se mancharan en el lodo…
Aclaro José.
-No, por que voy a caminar sobre las piedras. –Afirmó Manuel. – Si no, iré descalzo y cuando llegue a la carretera me enjuago con agua que voy a llevar en una bolsa, me pongo los zapatos y así ya llego a la escuela. -Concluyo, haciendo un gesto de superioridad.
Ya habían terminado de hacer los caminitos sobre la rojiza tierra, y comenzaban a hacer pequeñas casas de piedras y demás cosas que encontraban tiradas. Haciendo como que era una pueblo mas grande, en donde la gente iba de un lugar a otro en carros y no en triciclos como lo hacían ellos a veces.
¡Manue! Escucharon que llamaba la abuela, desde el otro lado del patio, alargando el grito y como siempre omitiendo la ultima letra de su nombre.
-¡Voy! Respondió de la misma forma.
La construcción del diminuto pueblo se suspendía y los dos ya sabían por que.
Se acercaba la hora de comer y en una hora regresaría el abuelo de la milpa.
Entraron a la casa, Manuel atizo la leña bajo la olla y José salio al patio, cargando una cubeta con maíz de la que derramo agua, que antes había servido para cocer los granos. Las gallinas se acercaron para beber un poco. José era un vecino y amigo, pero era como si viviera con ellos.
Tomaron un racimo de huayas (1) y salieron rumbo al molino, que estaba a unas cuadras casi llegando a la carretera. Pero había un problema, pues a mitad del camino había un perro grande y de color café, que siempre los perseguía, y para colmo el día anterior se les había reventado su único tira-hule (2) por estirarlo de mas al querer darle a una tortolita (3) así que tendrían que armarse con piedras en mano nada más, uno protegería el nixtamal (4), mientras que el otro los defendería a los dos. Afortunadamente su primer plan que era el de pasar silenciosamente funcionó, pues el perro no se apareció.
Llegaron al molino e hicieron fila detrás de tres señoras. Cuando terminaron de moler y ya con la masa en la palangana (5), pagaron un peso a la dueña del molino y salieron de regreso.
El más grande, siempre llevaba en la cabeza el recipiente con la masa, lo que parecía divertir a su acompañante, pues siempre lo comparaba con las señoras que vendían panuchos, salbutes y empanadas en las ferias. Compraron un “saborin” (6) de nance en casa de una señora, lo iban compartiendo, ¡de repente! no supieron como paso, el perro gruño detrás de ellos y cuando voltearon ya corría a toda velocidad hacia ellos.
-¡las piedras! – Pensó José, metiendo las manos en sus bolsillos, Manuel tomo con las manos la palangana y comenzó a correr sabiendo que su amigo se encargaría del perro que siempre los atemorizaba. Avanzó tres metros cuando escucho la primera pedrada, que dio en la panza del perro, y este bajo su velocidad. ¡La segunda pedrada! pero el canino la esquivó, alcanzo a Manuel y lo arrojo al suelo mordiendo sus pantalones, la masa cayo a unos metros, pero no se salio de su contenedor, sintió como los colmillos se presionaban contra la desgatada tela de su pantalón a la altura de su pierna, cuando escucho un quejido al tiempo que el perro lo soltaba para salir corriendo. José había encontrado un bajareque (7) y acertado un golpe en el lomo al animal. Manuel se levanto llorando, y fue a recoger su palangana, casualmente su abuela salió en ese momento a pedir naranjas agrias a la vecina, mama de José, vio a su nieto levantarse y fue lo más rápido que le permitió su edad, pregunto a los pequeños y cuando supo lo sucedido, le dijo a los dos que esperaran cerca de la casa. Mientras se regresaban caminando escucharon como la anciana reclamaba al viejo, dueño del perro y como el se disculpaba prometiendo atarlo.
Un rato después ya en la casa y luego de haberse lavado las manos. Sentados frente a la mesa, Doña Marta les sirvió de comer.
El pequeño Manuel, mientras suspiraba por haber llorado pregunto…
-Abuela, ¿”vera” que en navidad me van a comprar mis zapatos?
La abuela le sonrío asintiendo con la cabeza.
Un rato después llego el abuelo de la milpa, mientras ellos ya almorzaban y se carcajeaban comentando lo sucedido.


DECC.



1 Frutos de la región yucateca.
2 Arma hecha de ligas y madera en forma de Y que servia para arrojas piedras.
3 Ave pequeña y de color café característica de la región maya.
4 Granos de maíz cocido, que se usa para hacer masa.
5 Recipiente de platico grande y redondo.
6 Raspado de hielo, debe su nombre a una marca.
7 madera delgada que se usa en el tejido de casas de madera

miércoles 9 de septiembre de 2009

Siento.

Escrito en una servilleta, sin respetar tonos y sin respetar métricas.

Me lamento.

Quisiera que pudieras ver mi corazón
Deseo que sientas lo mismo que yo
No pretendo que sufras como sufre mi alma
Y aun así quisiera que comprendas lo que causa mi dolor.

Me caigo.

Que se caiga el cielo, que suban las olas del mar.
Que llueva sobre los campos fuego, que todo se acabe si más.
Que todo se vaya y que reine la oscuridad.

Me levanto.

Ahora el salga el sol, brillen los mares.
Se levanten las flores y que verde sea el valle.
Que corran los corceles, sobre los extensos campos.
Los pájaros canten por parvadas y los peces bailen por bancos.

Lo comprendo.

De muchas formas y muchos matices te puedo sentir.
Siempre me caigo y siempre me elevo.
Así es la vida, la vida es así…

Lo pienso.

Te amo.