Era una mañana de sábado, Manuel y José jugaban en el extenso patio de la casa de Doña Marta, abuela de Manuel. El sol esta a un cuarto del día, la sombra de los naranjos refrescaba los alrededores de aquel pequeño hogar, hecho de palos llamados bajareques y techo de guano.
- unos zapatos cafés con cordones negros.
Exclamo sonriendo Manuel, el niño de 8 años con cabellos lacios, cuando platicaban de lo que pedirían en navidad, al tiempo que surcaba un camino en la tierra, para que transitaran sus carritos de madera.
José que tenía dos años menos, sonrió mirando las sandalias agrietadas de su amigo, que parecían hechas con una llanta vieja y después se miro los pies descalzos mientras movía los deditos.
-Pero se mancharan en el lodo…
Aclaro José.
-No, por que voy a caminar sobre las piedras. –Afirmó Manuel. – Si no, iré descalzo y cuando llegue a la carretera me enjuago con agua que voy a llevar en una bolsa, me pongo los zapatos y así ya llego a la escuela. -Concluyo, haciendo un gesto de superioridad.
Ya habían terminado de hacer los caminitos sobre la rojiza tierra, y comenzaban a hacer pequeñas casas de piedras y demás cosas que encontraban tiradas. Haciendo como que era una pueblo mas grande, en donde la gente iba de un lugar a otro en carros y no en triciclos como lo hacían ellos a veces.
¡Manue! Escucharon que llamaba la abuela, desde el otro lado del patio, alargando el grito y como siempre omitiendo la ultima letra de su nombre.
-¡Voy! Respondió de la misma forma.
La construcción del diminuto pueblo se suspendía y los dos ya sabían por que.
Se acercaba la hora de comer y en una hora regresaría el abuelo de la milpa.
Entraron a la casa, Manuel atizo la leña bajo la olla y José salio al patio, cargando una cubeta con maíz de la que derramo agua, que antes había servido para cocer los granos. Las gallinas se acercaron para beber un poco. José era un vecino y amigo, pero era como si viviera con ellos.
Tomaron un racimo de huayas (1) y salieron rumbo al molino, que estaba a unas cuadras casi llegando a la carretera. Pero había un problema, pues a mitad del camino había un perro grande y de color café, que siempre los perseguía, y para colmo el día anterior se les había reventado su único tira-hule (2) por estirarlo de mas al querer darle a una tortolita (3) así que tendrían que armarse con piedras en mano nada más, uno protegería el nixtamal (4), mientras que el otro los defendería a los dos. Afortunadamente su primer plan que era el de pasar silenciosamente funcionó, pues el perro no se apareció.
Llegaron al molino e hicieron fila detrás de tres señoras. Cuando terminaron de moler y ya con la masa en la palangana (5), pagaron un peso a la dueña del molino y salieron de regreso.
El más grande, siempre llevaba en la cabeza el recipiente con la masa, lo que parecía divertir a su acompañante, pues siempre lo comparaba con las señoras que vendían panuchos, salbutes y empanadas en las ferias. Compraron un “saborin” (6) de nance en casa de una señora, lo iban compartiendo, ¡de repente! no supieron como paso, el perro gruño detrás de ellos y cuando voltearon ya corría a toda velocidad hacia ellos.
-¡las piedras! – Pensó José, metiendo las manos en sus bolsillos, Manuel tomo con las manos la palangana y comenzó a correr sabiendo que su amigo se encargaría del perro que siempre los atemorizaba. Avanzó tres metros cuando escucho la primera pedrada, que dio en la panza del perro, y este bajo su velocidad. ¡La segunda pedrada! pero el canino la esquivó, alcanzo a Manuel y lo arrojo al suelo mordiendo sus pantalones, la masa cayo a unos metros, pero no se salio de su contenedor, sintió como los colmillos se presionaban contra la desgatada tela de su pantalón a la altura de su pierna, cuando escucho un quejido al tiempo que el perro lo soltaba para salir corriendo. José había encontrado un bajareque (7) y acertado un golpe en el lomo al animal. Manuel se levanto llorando, y fue a recoger su palangana, casualmente su abuela salió en ese momento a pedir naranjas agrias a la vecina, mama de José, vio a su nieto levantarse y fue lo más rápido que le permitió su edad, pregunto a los pequeños y cuando supo lo sucedido, le dijo a los dos que esperaran cerca de la casa. Mientras se regresaban caminando escucharon como la anciana reclamaba al viejo, dueño del perro y como el se disculpaba prometiendo atarlo.
Un rato después ya en la casa y luego de haberse lavado las manos. Sentados frente a la mesa, Doña Marta les sirvió de comer.
El pequeño Manuel, mientras suspiraba por haber llorado pregunto…
-Abuela, ¿”vera” que en navidad me van a comprar mis zapatos?
La abuela le sonrío asintiendo con la cabeza.
Un rato después llego el abuelo de la milpa, mientras ellos ya almorzaban y se carcajeaban comentando lo sucedido.
DECC.
1 Frutos de la región yucateca.
2 Arma hecha de ligas y madera en forma de Y que servia para arrojas piedras.
3 Ave pequeña y de color café característica de la región maya.
4 Granos de maíz cocido, que se usa para hacer masa.
5 Recipiente de platico grande y redondo.
6 Raspado de hielo, debe su nombre a una marca.
7 madera delgada que se usa en el tejido de casas de madera